Posteado por: rosacobos | junio 22, 2011

Pleitos tengas … y que los ganes

Un año sin publicar. Dicen los entendidos que la calidad de un blog se mide, entre otras cosas, por la asiduidad en la publicación; debe ser verdad porque las visitas al mío han disminuido un poco. Últimamente me he puesto casi al día y en mis visitas a la blogosfera pública he descubierto algunas novedades jurisprudenciales que vienen a engrosar mi lista de sentencias favoritas.

Me han llamado la atención dos post publicado por Sevach el 30 de enero y el 3 de febrero, en los que desmenuza dos sentencias del Tribunal supremo y que son, desde mi punto de vista,  dos joyas que hay que guardar como oro en paño. Pero es que, además, la novedosa sentencia del Alto tribunal sobre la obligación de la Administración de incluir en las ofertas de empleo las plazas vacantes ocupadas por interinos ha despertado debates interesantísimos en algún que otro blog.

Las sentencias relacionadas con la función pública resultan de lo más ilustrativo para dilucidar casos en los que la aplicación de las leyes no resulta suficiente para aquellas Administraciones que creen que la aceptación de determinados preceptos legales puede obstruir sus expectativas.

Sin embargo, no es raro llegar a la conclusión de que la legislación en materia de función pública debería ser más que suficiente, en la mayoría de los casos, para no tener que recurrir necesariamente a los tribunales (así, de paso, quedarían éstos más despejados para otros asuntos de mayor entidad). Quiero decir con esto que las abundantes leyes, reglamentos, decretos y convenios que regulan la relación de la Administración con sus empleados son, a mi criterio, suficientes para que ésta, en su actuación, aplique objetivamente los contenidos de tanto texto legal y ejerza su potestad sin ningún tipo de apreciaciones subjetivas.

A veces, los pleitos son la mera consecuencia de un cabezonería entre Administración y empleado público cuando alguno de ellos no quiere aplicar o aceptar lo que está claramente legislado. Y, en la mayoría de los casos, ese choque viene provocado por ciertos altos dirigentes que utilizan las necesidades del servicio o la potestad autoorganizativa como excusa para actuar de forma arbitraria (que no discrecional, ya que ambos términos no significan lo mismo).

Si las Administraciones se ajustaran escrupulosamente a los preceptos contenidos en los textos que regulan el ejercicio de la función pública se conseguiría, por qué no, mejorar la salud de la relación Administración-Empleado.  Todo está legislado: los permisos, los traslados, la asignación de puestos, la elaboración de las plantillas y catálogos, las excedencias, los horarios, las relaciones con los sindicatos, etc.

Creo que es más fácil hacer las cosas bien: la Administración debería dar al empleado público lo que es del empleado público y no buscar triquiñuelas aparentemente legales con la única intención de restarle parte de sus derechos y privilegios. Además, se mataría a dos pájaros de un tiro: se respetaría las pretensiones del legislador (que no en vano se devanó los sesos para regular determinadas situaciones) y se daría un respiro a esos atiborrados juzgados que no ven el momento para ponerse al día entre tanto litigio.

Claro que, desde otra perspectiva, la lentitud en la resolución de los pleitos (sobre todo en la via contencioso-administrativa) es algo que algunas Administraciones (no todas) parecen aprovechar para salirse por la tangente y despojar a su personal de los privilegios otorgados por el Estado de Derecho: si aquéllas cometen alguna acción de dudosa legalidad contra un empleado público, hecha se queda; mientras tanto, el afectado, además de soportar con resignación la supuesta tropelía de que haya sido objeto, se ve obligado a recurrir a los tribunales para que éstos le restituyan su derecho. Así, la Administración hace y deshace a su antojo a sabiendas de que el mal que haga, hecho se queda. A los cuatro, cinco o siete años, sus Señorías dirán.

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Responses

  1. Welcome back. Seguimos leyendo

  2. Gracias, Amedeo por tu seguimiento casi, casi, incondicional.


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