Posteado por: rosacobos | octubre 17, 2009

Los sindicalistas: ¿ángeles o demonios?

angel y demonio

Imagen del blog angelodemonio.wordpress.com

 

He hablado en este blog de función pública, de funcionarios, de discriminación, de políticos que discriminan, de modernización y de muchas cosas más. Pero nunca he hablado de sindicatos. Esta idea lleva rondándome varios días y hoy, mientras me ponía al día en la blogosfera (últimamente tengo este y otros blogs un poco abandonados), he encontrado un post en el blog de Sevach del que quiero resaltar un párrafo que viene que ni pintado para lo que hoy quiero expresar:  “… aunque los sindicatos frecuentemente se mueven por el interés de los afiliados, y efectúan impugnaciones selectivas según su estrategia, lo cierto es que si no fuese por ellos, se consumarían infinidad de tropelías en la función pública. No olvidemos que no hay acción pública en este campo, y sin el ojo vigilante de los sindicatos, podría el cacique de turno adjudicar plazas o prebendas a diestro y siniestro…” .

Los sindicatos de clase existen desde hace más de un siglo y su gestación coincidió con el movimiento obrero español de la segunda mitad del siglo XIX. Desde entonces se han ido constituyendo en organizaciones fuertes, sólidas y con una gran capacidad de prestación de algunos servicios, tanto a los afiliados como a los que no lo son (cursos de formación, orientación laboral, defensa jurídica, prevención de riesgos, asistencia a inmigrantes …), de tal forma que cuando pensamos en un sindicato vemos a una gran maraña de departamentos que nos hacen compararlo con la Administración.

Estas grandes organizaciones cuentan con miles de personas (sindicalistas) que trabajan en ellas y las mantienen vivas. A los primeros sindicalistas les tocó vivir una época dura, un tiempo en el que algunos llegaron a estar presos e, incluso, a perder su vida por la defensa de unos ideales. Estos luchadores eran, y son, admirados por su tesón y su valor. Por el contrario, los sindicalistas de ahora son criticados, mal juzgados y ridiculizados. Y me pregunto, no ya si estas críticas son justas o injustas sino si  resultan ser el reflejo auténtico de la realidad.

 Estamos hartos de oir que los liberados sindicales hacen uso de sus horas para sus asuntos privados, hartos de oir que viven mejor que quieren, que no están sujetos a horarios, que van y vienen a su antojo y un largo etcétera de actividades más propias de un rico empresario que de un pobre funcionario que hace uso de su crédito sindical de horas y que, siguiendo también un proceso democrático, fue elegido en las oportunas elecciones sindicales.

No me gusta generalizar y, como en todo, en los sindicatos hay personas trabajadoras y luchadoras y otras que lo son menos pero, como institución reconocida por una país democrático, un Sindicato no es sino la plasmación (culminación) del derecho a la libertad sindical.

Una de las actividades más delicadas de cualquier representante sindical es la negociación, que una veces se podrá comparar al hecho de caminar sin zapatos por un sendero de púas y otras será más parecida a un camino de rosas, todo ello dependiendo del talante negociador del patrón. De todas formas, gracias a ellos no caen por tierra todos los logros conseguidos durante décadas y que nos permiten contar con unas garantías laborales básicas que, de otra forma, quién sabe lo que sería de ellas.

Tal vez los sindicalistas no sean ángeles pero tampoco son demonios. Conozco a muchos de ellos que cumplen, a veces en demasía, con una labor no exenta de cierto riesgo. En grandes empresas el delegado sindical es un número entre otros muchos (por ejemplo en la Administración del Estado) pero en las pequeñas (Ayuntamientos, empresas privadas) el desarrollo de su trabajo viene acompañado, en algunos casos, del riesgo a ser objeto de persecuciones y venganzas por parte del empresario si éste considera que aquél levantó demasiado la voz o no se dejó manipular a su antojo. 

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Responses

  1. Tienes mucha razón. A veces tendemos a generalizar y extender a regla general los casos más negativos.

    Como ocurre con la política, los sindicatos son también una vía rápida para medrar, bien por cobrar más y trabajar menos (permisos y horas sindicales), bien por obtener puestos con mejores condiciones de trabajo, bien por disfrutar de otras ventajas de diversa índole, todo ello como precio por su silencio o su complicidad con los patronos.

    Esto no quiere decir, como ocurre con los cargos políticos, que todos los sindicalistas utilicen estas posibilidades en beneficio propio.

    Y desde luego, no se puede desdeñar el papel de los sindicatos en general en defensa de los derechos de los trabajadores.

  2. No voy a negar que son un contrapoder fundamental para evitar la comisión de tropelías y mantener una cierta “equidad” (si es que ésta existe) en las relaciones laborales. Pero las organizaciones sindicales, como organizaciones políticas que acaban siendo, tienen los mismos problemas que los partidos políticos: están alejadas de sus afiliados y de los trabadores en general y acaban defendiendo intereses sectarios no siempre comprensibles. Su funcionamiento está un tanto obsoleto y necesitaría una buena vuelta.

  3. Gracias por vuestros comentarios. Tal vez los sindicatos deban modernizarse y cambiar por completo, o tal vez rebuscar en sus orígenes para no olvidar por qué y para qué existen. Un tema complicado este …

    Las personas que conforman una Organización democrática no deben olvidar los principios por los que aquella se rige; cuando no tenemos las cosas claras ayudamos, consciente o inconscientemente, a que aquello por lo que trabajamos se desmorone.

  4. Lo malo de los sindicatos es que se han quedado obsoletos. Un sociedad vertiginosamente cambiante, globaliza e interconectada tienen nuevas realidades y los sindicatos no están en la onda. Están lejos de los trabajadores como los políticos lejos del ciudadano. Vease la participación en la elección.
    Sus acciones sólo buscan su propio interés. Con facilidad se puede comprobar que llegan a un acuerdo con el “patron” y al dia siguiente ponen un manifiesto en el tablón de anuncio diciendo que “el patrón ningunea a los trabajadores”.¿?
    Para terminar diré que tengo fundamento en mi opinión, ya que formo parte del comité de empresa por FEDECA.

  5. Montaña, me alegro de verte por aquí. Sí, tal vez los sindicatos necesiten un cambio radical. Es verdad que algunos, no todos, negocian con el patrón siguiendo intereses personalistas; te puedo asegurar que algunos hacen tropelías que nos ponen la carne de gallina.
    Sin embargo, conozco a muchos de ellos (viejos sindicalistas) que siguen creyendo en la honestidad y en el bien común, aunque les cueste enfrentarse a su propia organización. En fin, es un tema complejo. De todas formas, no me gusta generalizar. Hay sindicalistas (y políticos) a los que, con la que está cayendo en España, les gusta lo que hacen y, además, lo hacen medianamente bien.

  6. Si hubieras estado en una conversación post cena ayer, hubieras disfrutado. Gracias por este post.

  7. ¡Amedeo, no me dejes con la miel en los labios!. Cuenta algo acerca de esa conversación (en el fondo soy una curiosona).

  8. No tengo claro cual debería ser el objetivo de un sindicato en el mundo actual, lo que tengo claro es que no conozco ninguno que esté dando respuesta a los problemas de hoy.

    Siguen empeñados en fomentar el miedo y el clasismo cuando vivimos en una sociedad libre y con un mercado laboral dinámico que precisamente deja de serlo cuando uno de estos viejos dinosaurios se empeña en mediar en las situaciones de hoy con soluciones de ayer.

    Más respeto a las personas, sean trabajadores o empresarios, y menos medrar y perpetuarse en un mundo que ya no les necesita.

  9. Los sindicatos necesitan control y estímulo por parte de otras entidades o agrupaciones de funcionarios, como es el caso de la Asociación para la Defensa de la Función Pública Aragonesa, que se ha dirigido a los sindicatos de la función pública aragonesa en estos términos:

    “Zaragoza, 15 de diciembre de 2009.

    Estimados señores.

    En mi condición de Presidente de la Asociación para la Defensa de la Función Pública Aragonesa, deseo trasladarles nuestra preocupación por la situación en que se encuentra la función pública de nuestra Comunidad Autónoma y nuestra inquietud por los resultados que pueden derivarse de un general desistimiento en el respeto de la legalidad.

    Esta Asociación valora positivamente la labor que corresponde realizar a los sindicatos en la determinación de las condiciones de trabajo, pero como ya expusimos en el escrito remitido con motivo de las elecciones sindicales de marzo de 2007, la acción sindical y la negociación colectiva han de ser coherentes con los principios constitucionales establecidos para las Administraciones Públicas y que determinan las condiciones del ejercicio profesional de todas las personas integradas en la función pública.

    Dijimos entonces, y lo reiteramos ahora, que la negociación colectiva de las condiciones de trabajo ha de ser transparente en su desarrollo y respetuosa con la legalidad y la cobertura presupuestaria en sus resultados. Lamentablemente, no podemos apreciar que en estos dos años se haya avanzado en dicha dirección.

    Ni en materia de selección de personal ni de provisión de puestos de trabajo se ha asegurado el cumplimiento de la ley. La crisis de legalidad vivida en dicho ámbito fue expresamente reconocida por el Director General de la Función Pública, Antonio Brun, en su comparecencia ante la Comisión Institucional de las Cortes de Aragón, al presentar el denominado “Documento de análisis y diagnóstico de la Función Pública en la Administración de la Comunidad Autónoma de Aragón”.

    No se corrigen las altas tasas de interinidad existentes, mediante las ofertas anuales de empleo público, ni se pone solución a la ilegal cesión de trabajadores de empresas públicas a determinados Departamentos, fenómeno éste que apenas ha merecido la atención de las organizaciones sindicales. No se refuerza el sentido de la profesionalidad en el seno de la función pública ni se articula una carrera profesional que pivote sobre el compromiso con el buen funcionamiento de los servicios públicos.

    Sin embargo, el factor que nos parece más preocupante de la estrategia sindical seguida en el ámbito de las Mesas de negociación colectiva es el impulso de medidas de carácter retributivo –como el anticipo de carrera profesional o la previa cláusula de revisión salarial- que, a nuestro juicio, vulneran la legalidad retributiva, por contravenir tanto el Estatuto Básico del Empleado Público y la Ley de Ordenación de la Función Pública aragonesa como las diferentes Leyes de Presupuestos, tanto del Estado como de la Comunidad Autónoma, aprobadas para cada ejercicio.

    Los funcionarios públicos no somos unos trabajadores más, cuyas retribuciones puedan pactarse libremente. Las retribuciones públicas se hallan sujetas a reserva de ley, tanto en la configuración de los conceptos retributivos como en la determinación de su cuantía e incrementos. Quien fija las retribuciones públicas no es el Gobierno, sino el Parlamento, mediante Ley que apruebe o no las condiciones retributivas resultantes de la negociación colectiva. La decisión compete a los ciudadanos, a través de sus representantes.

    Los valores de la función pública –pues los hay y se expresan en el Estatuto Básico del Empleado Público- han de hacerse realidad en todos los ámbitos de actuación de las Administraciones Públicas y han de determinar también la acción sindical en el seno de la función pública. Una estrategia sindical que contradiga o ignore los valores y principios de la función pública –como son el respeto a la ley o el servicio al interés general- no logrará aportar ningún elemento estimable a la ordenación del empleo público.

    Por ello, cuando observamos la reacción sindical ante el ejercicio de la potestad presupuestaria por parte de las Cortes de Aragón, contrastando con el silencio que se guardó cuando se ignoraba la competencia del Parlamento autonómico para aprobar medidas de gasto público derivadas de la negociación colectiva, nos sentimos en la necesidad y en la obligación de dirigirnos a ese sindicato para expresarle que no cabe otorgar legitimidad a ninguna reivindicación que no parta del más escrupuloso respeto a las leyes.

    Consideramos que los sindicatos de la función pública aragonesa han de despejar cualquier duda respecto a su firme compromiso con la legalidad, pues es la ley –y no su vulneración- la principal defensa de los intereses de todos, trabajadores y ciudadanos en general.

    Por ello, invitamos a ese sindicato a que suscriba con el resto de las organizaciones sindicales de la función pública aragonesa un compromiso expreso de ajustar su actuación y reivindicaciones a un código ético en el que figure de forma expresa y destacada la defensa y respeto de la legalidad, renunciando a la implantación o mantenimiento de medidas –retributivas y no retributivas- no conformes a la ley.

    Agradeciendo su atención, reciban un respetuoso saludo.

    Julio Guiral Pelegrín. Presidente de la Asociación para la Defensa de la Función Pública Aragonesa”.


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