Posteado por: rosacobos | mayo 12, 2009

Perder el norte

brujula

El Diccionario de la RAE dice que perder el norte es lo mismo que desorientarse. Nos desorientamos cuando no sabemos dónde estamos ni qué posición ocupamos. Creo que, en múltiples ocasiones, perdemos el norte desde el momento en que formamos parte de alguna organización, institución o similar y olvidamos por qué y para qué estamos ahí.

Navegando por la blogosfera me he topado con tres artículos bastante interesantes y que merece la pena leer. A mí, su lectura me ha producido cierto pánico y no he podido evitar imaginarme una sociedad selvática regida por la ley del más fuerte, o la del más rico, y en la que el egoísmo atroz de algunas personas acabe por engullirnos a todos.

El artículo escrito por Antonio Arias acerca de la cesión ilegal de trabajadores a la Administración me ha dejado profundamente sorprendida, no sólo por la claridad en la exposición del tema sino porque al problema que plantea no se le presta la atención que merece (menos mal que el Tribunal de Cuentas ha dado la voz de alarma). Cuando las ofertas de empleo público son cada vez más reducidas bajo el lema de la crisis económica (algo que suena más a excusa que a otra cosa), asistimos atónitos a unas maniobras de engorde artificial de las plantillas de personal de las administraciones públicas mediante la contratación de empresas de servicios cuyo personal es absorbido, a la postre, por la Administración. Los contratos de consultoría y asistencia, los de servicios y la creación de empresas públicas parecen ir en aumento sin que esto suponga una especial preocupación para los guardianes de las arcas públicas.

El segundo de los artículos titulado “Corrupción en los Ayuntamientos“, del blog de José Manuel Baeza, nos plantea la cuestión de si los ciudadanos hemos llegado a aceptar con total naturalidad que los casos de corrupción formen parte de la actividad político-administrativa; señala el autor de este post algunas causas que le han hecho llegar a esta conclusión y apuesta por una “profundización en la democracia”.

Y, por último, el tercer artículo que ha puesto la guinda al pastel ha sido el de Félix Serrano en el que nos habla de “La Filosofía del decrecimiento“, una reflexión bastante acertada acerca de la necesidad que tenemos de aumentarlo todo.

Tal vez esta filosofía del decrecimiento resulte ser una de las apuestas más apropiadas para remediar determinadas situaciones actuales y su aplicación al problema del aumento artificial del personal en los Ayuntamientos pudiera resultar beneficiosa. En cuanto a los casos de corrupción, cualquiera sabe de qué manera se puede acabar con esta depravación. Pero está claro que uno y otro son dos aspectos del ámbito administrativo que deben decrecer, menguar, para que esta gran epidemia deje de propagarse.

Parece que está de moda aumentarlo todo, incluso a costa de la vulneración de los derechos de los demás, tendiendo a adulterar las cosas que mediante su evolución normal permiten reducir desigualdades y aumentar el bienestar de la mayoría. Posiblemente nuestra obsesión por el enriquecimiento personal  y por la obtención de beneficios propios nos impida aceptar que se puede vivir mejor sin engañar ni defraudar a los demás. Vivimos en una sociedad materialista, consumista, basada en el dinero y en el lucro particular. Y lo peor de todo es que se nos está imponiendo erróneamente como la forma ideal de vivir. Los casos de corrupción, por ejemplo, ya casi no nos asustan, asistimos impasibles a una serie de corruptelas que se han convertido en el pan nuestro de cada día  y que, en lugar de decrecer, aumentan (por cierto, y al hilo de esto, alabo la decisión adoptada por la Universidad Rey Juan Carlos de excluir a Julián Muñoz de sus cursos). Para colmo, los funcionarios públicos están dejando de ser seleccionados respetando los principios constitucionales de capacidad, mérito e igualdad. Decididamente, estamos perdiendo el norte.

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Responses

  1. Muy agradecido por tu referencia.
    Como supondrás, coincido contigo en el diagnóstico. Y como en las crisis económicas, para recuperarse de este estado de cosas (corrupción, individualismo…, y añado hipocresía) hay que tocar fondo. Esperemos que no nos quede mucho que descender.

  2. Dicen que cuando se toca fondo, lo único que ya queda es subir y recuperarse. Esperemos que así sea.

  3. Creo que tu denuncia es valiente y real, pero desgraciadamente tienes razón en que nos hemos acostumbrado a que la Constitución establezca el mérito y la capacidad, venga el legislador aplicando las rebajas de julio, y luego la Administración con las rebajas de enero. Total que al final, podemos leer esta semana síntomas mas preocupantes que la peste porcina, como el de que la Junta de Andalucía cuenta con uno de cada tres funcionarios “a dedo”. Puede verse aquí http://www.porandalucialibre.es/actualidad/actualidad_general/uno_de_cada_tres_empleados_al_servicio_de_la_junta_puede_haber_sido_contratado_a_dedo.html ¿Espeluznante?

  4. Sevach, gracias por tu comentario. Me horroriza especialmente la corrupción en el seno de la Administración, y no la corrupción en sí misma (mientras que existan las personas existirá la corrupción, al igual que existirá la violencia, el engaño, el abuso,…). Pero me pregunto si nuestra sociedad (democrática) cuenta con los mecanismos adecuados para controlar la corrupción y si los resultados son los que esperamos.

  5. Rosa, es verdad que perdemos el norte en muchas ocasiones, nos desorientamos porque no estamos donde creíamos y, encima, nos lamentamos de no hacer cuanto podemos. Como tú dices, perdemos el norte cuando “formamos parte de alguna organización, institución o similar”, pero es que donde más se está perdiendo el norte es en la Administración pública.
    Y es que cada vez son más quienes manejan la situación como les place, el resultado es operatividad es cero y la agilidad es nula. Esto en detrimento de la ciudadanía y del desarrollo del trabajador.
    Lamentablemente hoy se ha perdido el norte: las noticias sobre corrupción son habituales y “lo normal” es asociarlas con la política; cada vez se incorporan más personas (“las aparecidas”), cuyo currículo se desconoce y suelen desempeñar puestos de responsabilidad; la RPT se hace a medida y la libre designación prima sobre la preparación. Eso sí, si hay ofertas de empleo público, las pruebas son de más nivel que la titulación que se exige y con el paro que hay, quienes la sacan suelen ser personas capacitadas –aparte de las plazas regaladas que también las hay-. De nuevo, la doble moral. Con lo cual tenemos varios tipos e trabajadores: los aparecidos, los que se los ganan a pulso y los que se han encontrado con un padrino que los ha situado. ¿Dónde quedan los principios de igualdad, mérito y capacidad?
    Para colmo lo que se requiere como requisito indispensable es, aunque estés preparado, “no pensar, obedecer y no plantear alternativas. He aquí una muestra de la modernización.
    Rosa, como ves, hoy lo veo todo un poco oscuro, pero tristemente creo que ésa es la realidad.

  6. Hola, Soledad. ¡Cuánta razón llevas!. No es que lo veas todo oscuro, es que todo está cada vez más oscuro. Es penoso en lo que estamos convirtiendo nuestra Administración (de todos, no sólo de los funcionarios). Nuestra Administración que es la que nos debe garantizar la justicia, la igualdad y acceder a ella en idénticas condiciones. La corrupción es muy preocupante. No debería suceder en el siglo XXI y los mecanismos para controlarla debieran ser, tal vez, más estrictos y severos.

  7. Un artículo muy interesante, Rosa. Ya sé que llego un poco tarde. Pero has tratado varios temas que efectivamente parecen estar relacionados, y que desde luego tienen mucha tela que cortar, y eso me ha hecho pensarme un poco éste comentario.

    En primer lugar, las incorporaciones por la vía de la cesión del personal de las empresas de servicios. Bueno, ya sabemos la resistencia de la Administración a dotarse de medios propios, y por ello es habitual acudir a los procedimientos de contratación de empresas de servicios. Los motivos pueden ser múltiples, pero por ejemplo si se gasta el dinero público en inversiones o en mantenimientos (sea capitulo 2 ó capitulo 6) se vende mucho mejor políticamente como un beneficio para la sociedad, aunque se trate de empleos estructurales, es decir, que realmente se necesitan dentro, que se contratan una y otra vez.

    Así pues desde ese punto de vista la cesión de trabajadores no deja de ser una bendición para el órgano que los recibe, pues tiene necesidad de ellos, y es mucho más eficaz y barato que sean trabajadores públicos que contratados de empresas.

    Es obvio que la vía de la legalidad es la correspondiente convocatoria de oposiciones, pero parece ser que los que deciden las composiciones de las RPT no están por la labor.

    También es cierto que cuando se contratan los servicios se tiene una mayor discrecionalidad sobre “quién, dónde, cuando, y cómo” que cuando hay que lidiar con funcionarios. Y esta discrecionalidad, que como sabemos como todas las libertades puede ser usada para bien o para mal, es siempre valorada por los jerifaltes.

    Sobre el segundo tema que abordas, también con mucho calado, tengo algunas opiniones. La razón más importante por la que sucede tiene que ver con la inflacción legislativa que padecemos. Sevach lo sabe muy bien, lo he leido en su blog, y lo comparto plenamente. Hay una fractura consistente en que los organos encargados de crear las leyes no suelen ser los encargados de hacer que se cumplan, es decir, que no valoran el coste real que supone ( y no hablo sólo en términos económicos) su aplicación. Así pues se producen dos efectos: un incumplimiento generalizado de muchas de las leyes, y una judicialización de la vida, pública y privada, de los españoles.

    No en vano los tiempos de crisis son tiempos de vacas gordas para los abogados, procuradores, etc.

    Así pues esa sobreabundancia de leyes y de reglamentos, en todos los niveles de la administración, hace que sea muy difícil tanto el cumplimiento como la verificación del cumplimiento. Eso lo sabe todo el mundo, y por poner un ejemplo ahora que toca, cada vez que hace la declaración de la renta.

    De modo que al final es nos acabamos acostumbrando a que lo legal es opuesto a lo práctico, y de ahí a entender con suma facilidad los caminos “imaginativos” que se adoptan en algunos ayuntamientos. Es cierto que no se puede generalizar, y que hay muchos honrados. Pero la verdad, si queremos que haya más honradez, hay un camino sencillo para lograrlo: hagamos menos leyes, más simples y más aplicables.

    Y esto enlaza con el tercer tema, el del decrecimiento, que amablemente citas en el blog de eFuncionario.

    Sí, en efecto, los valores de nuestra sociedad están en entredicho. Es una sociedad basada en el dinero y en la posesión, en el consumo como forma de alcanzar la felicidad. Si uno no asciende un poco cada año o gana más es un fracasado. Si no tiene dos casas y dos coches y un barco en el puerto, entonces, ¿qué sentido tiene la vida?.

    Lo curioso es que justamente esa es la mejor forma de desperdiciar la vida: buscar siempre más y más, en lugar de disfrutar de lo poco o mucho que ya uno tiene.

    La vida tiene muchas recompensas para los que desean vivirla, pero no están ahí fuera (encerradas en la caja tonta), están en los momentos más cotidianos (por ejemplo escribiendo en un blog).

    Así que, en lo que puede hacernos replantear nuestro modelo de sociedad y las cosas que realmente importan, quizás esta crisis sea toda una bendición.

    Aunque claro, no se lo digáis a los políticos, ni a los periodistas, no tendrían entonces nada de lo que hablar.

  8. Félix, comenté hace tiempo (no recuerdo en qué blog) que es un lujo contar con tus comentarios.

    La felicidad se siente por momentos y éstos, por desgracia, suelen ser demasiados fugaces. Por eso, como bien dices, hay que buscarlos en las cosas cotidianas.

    Por mi parte no te preocupes, lo de la crisis no se lo diré ni a políticos ni a periodistas.


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