Posteado por: rosacobos | diciembre 14, 2008

Los atributos divinos de la Administración

He llegado, por casualidad, a esta noticia aparecida hace algunos días en Público que me ha resultado bastante curiosa. Las leyes nos permiten denunciar a cualquier persona, física o jurídica, que lesione nuestros derechos. Pero denunciar a Dios, como ha hecho un Senador norteamericano,  es harina de otro costal. Lógicamente el Juez ha desestimado el recurso, entre otras razones porque “no se pudo tener acceso al defendido aquí nombrado“. Olvidó el Senador demandante que Dios no vive aquí.

Al leer esta noticia no he podido evitar acordarme de la Administración y realizar una pequeña comparación.  Una comparación entre cierta Administración y Dios (sin ánimo de ofender a nadie). Una pobre funcionaria de Administración local como yo pasa media vida intentando entender por qué a veces las cosas se hacen mal, cuando es mucho más fácil hacerlas bien.

En la actualidad existe un abanico legislativo bastante amplio que  permite a los funcionarios denunciar o pleitear contra aquellas actuaciones administrativas que puedan perjudicarles. Podemos afirmar que nada o casi nada escapa al ojo del legislador. Todo está regulado y, tal vez por ese exceso de regulación, la Administración a veces encuentra el hueco por donde escapar y por donde salir victoriosa cuando una persona decide enfrentarse a ella. Tal vez esto le permita ocupar una sitio privilegiado con respecto al funcionario (no nos olvidemos de su sacrosanta potestad de autoorganización que, por lo que respecta a los entes locales, viene reconocida por el art. 4.1 de la Ley 7/1985 de Régimen Local, y en la que  perfectamente podría encontrarse la potestad de organizar al personal).

He hablado en este blog acerca de la figura del silencio administrativo y de cómo en determinadas ocasiones alguna Administración se escuda en ella para no resolver determinados asuntos espinosos en materia de personal (aunque leo  y oigo que el instituto del silencio surgió para proteger los derechos del administrado, mi experiencia me ha dejado claro que  puede dejarnos en una auténtica situación de indefensión). He hablado también de cómo algunas administraciones proveen puestos utilizando la comisión de servicios como la forma normal de provisión, olvidándose del concurso que es la figura que permite que esa provisión sea igualitaria y equitativa. De esto último se hizo eco un periódico local y que también motivó otro post para este blog.

He conocido bastantes casos en los que un funcionario decide enfrentarse al engranaje administrativo para econtrar una explicación razonable de por qué las cosas se hacen al contrario de como deben hacerse y he visto también cómo, tras un esfuerzo colosal, sale perdiendo. Si una Administración no contesta a una solicitud y tampoco resuelve expresamente el recurso administrativo, la única opción es recurrir a los tribunales de justicia en los que, dicho sea de paso, tampoco está garantizada la victoria debido precisamente a los recovecos legislativos por los que muy sabiamente  la Administración deja escurrir su responsabilidad. En el caso de un supuesto abuso de las comisiones de servicios como forma normal de provisión ¿qué persona física (¡pobre funcionario!) se atreve a encarar un asunto de semejante magnitud? Y si así lo hiciera tampoco tendría la completa seguridad de salir airoso de tan peliaguda cuestión.

Por eso decía al principio de este post que no he podido evitar comparar a la Administración con Dios,  a raiz de algunas experiencias personales, y atribuir a la primera las cualidades propias del segundo:

  • La Administración es omnipotente. Todo lo puede. Su poder resulta interminable e inextinguible.
  • La Administración es omnisciente. Todo lo sabe. Nada escapa a su sabiduría.
  • La Administración es omnipresente. Todo lo comprende, todo lo abarca. La encontramos en todas partes.

No obstante, el diccionario de la RAE dice que estos atributos son exclusivos de Dios. Lo escrito aquí es una simple reflexión personal.

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Responses

  1. Rosa, ¡Estupendo artículo! Me he permitido “reflexionar” sobre tu reflexión

  2. Rosa, me encanta la comparación que has hecho. Sobre todo lo de omnipotente, omnisciente y omnipresente…. y pensándolo no sólo en relación con el funcionario sino con el ciudadano. Daría lugar a otro post.

  3. Gracias por vuestros comentarios.

    Soledad, me alegro de que este post te haya hecho reflexionar porque, la verdad, se mire a donde se mire casi siempre nos topamos con la Administración, para bueno o para malo.

    Seguramente que a ti, Óscar, se te ocurre escribir algo relacionando este tema con el ciudadano. Apuesto a que te sale un post bastante sustancioso, como ya nos tienes acostumbrados …

  4. Omni, omni…pones claros ejemplos que pueden afectarnos directamente a los funcionarios, a quienes estamos dentro…pero lo ciertos es que el ciudadano ajeno a nuestro mundo se encuentra aún más indefenso. Aunque claro, también puede ser que a nosotrospor estar dentro del sistema nos fastidie aún más estos despropósitos.
    Genial entrada

  5. Pues yo también te felicito. La comparación es acertadísima.

    Reconozco que a veces, como funcionario, puede uno llegar a sentir ese poder divino… sobre los pobres ciudadanos de a pie. Pero también es una gran responsabilidad la que da ese poder.

    Pero otras veces se siente uno como una hormiguita cuando se enfrenta al aparato del estado. Aunque todo se puede luchar. Si se persevera, se consiguen más resultados de los esperados.

    La administración es como un trasatlántico. Para moverlo hace falta mucha fuerza o mucho tiempo. Si uno tiene suficiente cantidad de alguna de las dos cosas, puede conseguirlo.

  6. Lo que me viene a la mente es la demanda americana contra Dios ( en que mas que desistimarla por no tener domicilio, habría que considerar que su domicilio es innecesario, pues “está en todas partes” y subsidiariamente, la casa de Dios es un templo).
    Sin embargo, ronroneo de placer con la ingeniosa comparación que haces de la Administración con Dios por su omnipotencia y omnipresencia, pero iría mas allá. Al igual que a Dios no puede culpársele por los vicios de algunos de sus representantes en la tierra (cardenales, obispos y sacerdotes) tampoco debemos culpar a la Administración por las corruptelas y abusos de sus representantes (Consejeros, Alcaldes, Ministros,etc), como es el caso que tratas del abuso (mas que uso) de las comisiones de servicio. Saludos

  7. La comparación es más que acertada, lo malo es que yo estoy del otro lado de la ventanilla.

    Por lo que se refiere a la falta de domicilio para la notificación, sugiero al abogado de la parte denunciante que recurra el auto, ya que sí existe la dirección:
    Piazza San Pietro
    Santa Sede, Città del Vaticano
    que es la dirección del representante legal plenipotenciario del demandado.

  8. Bueno, bueno! …. ¡Menudos comentarios!

    Puedo decir, sin temor a equivocarme, que este blog tiene unos comentaristas de lujo.

    A veces pienso que no os merezco ….

  9. Rosa, lo triste del caso no es solo que la administracion sea como dios (en minúscula, no confundamos), sino que la justicia está politizada y más aún aquí en Cataluña donde los “eficientes” responsables de nuestras administraciones locales tienen auténtica patente de corso para actuar a su antojo por el solo hecho de creerse de izquierdas.

  10. Gracias por tu comentario María Jesús. Creo, sin embargo, que no se trata de pertenecer a la izquierda o a la derecha (ideológicamente hablando). Incluso sería mejor si el hecho de ser de izquierdas o de derechas llevase aparejada la cualidad de ser más justo o menos porque así podríamos, sin lugar a dudas, elegir una u otra ideología.

    Como bien dices, a veces se politiza toda nuestra vida, todo lo que nos rodea. Ahí radica el problema. Nadie es mejor o peor por ser de izquierdas o de derechas. Se trata de ser buena o mala persona. Y si una mala persona (sea del partido que sea) ostenta algún tipo de poder y abusa de él, estamos perdidos ….

  11. Aprovecho para desearos Felices Fiestas (las que quedan). Una vez más, completamente de acuerdo con Rosa: me he encontrado con responsables políticos incompetentes de derecha y de izquierdas. Lo mismo vale con los funcionarios: los hay incompetentes y molestos, y currantes y tenaces. Ninguna ley cambiará esta situación. Sólo he aprendido que, cuando en un Ayuntamiento, las personas preparadas y trabajadoras son más que los vagos e incompetentes, las cosas van mejor. ¿Cómo llegar a ese punto? Pues, seguiré investigando.

  12. Me parece muy interesante, inteligente y pegado a la realidad lo que dices en tu blog, que, por cierto, me encanta.

    El “vuelva usted mañana” parece que es la máxima de la política y de las administraciones modernas…

    ¡saludos!

  13. Gracias por tu apreciación acerca de este blog, Raskolnikov. Me parece que, al paso que vamos, las administraciones no van a ser tan modernas como a más de uno nos gustaría.


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