Posteado por: rosacobos | julio 28, 2008

Función pública y estrés térmico

Llevo mucho tiempo sin publicar e incluso sin comentar en la blogosfera. Creo que el calor me está afectando y mis neuronas también se han tomado unas vacaciones porque no consigo escribir nada interesante. De todas formas, el propio entorno laboral supone una fuente de inspiración para plasmar situaciones poco deseables y para utilizar el blog como herramienta de expresión, además de sacarme del letargo de las últimas semanas.

El hecho de desarrollar cualquier tipo de profesión conlleva su riesgo y esto nos incluye también a los funcionarios. Soy consciente de la suerte que tengo por trabajar en la Administración pública a la que, a pesar de todo, le tengo mucho cariño. Pero esto no es obstáculo para reprobar ciertas situaciones de maltrato hacia los empleados públicos.

La función pública abarca un gran abanico de escalas, grupos, servicios, etc., dentro de los cuales el desempeño de unas funciones o de otras puede conllevar mayor o menor riesgo. Por ejemplo, no es lo mismo pertenecer a la Escala de Administración General desarrollando labores administrativas en una oficina que pertenecer a la Escala de Administración Especial desarrollando las funciones propias de Policía Local, de Bombero o las propias del personal de mantenimiento. No obstante, los que trabajamos en oficinas también corremos nuestro riesgo durante la jornada de trabajo. Aparte de situaciones graves que puedan suponer en un momento determinado una exposición a un riesgo grave e inminente, existen otras situaciones de incomodidad laboral que mantienen al empleado público en una situación constante de estrés. Entre estas situaciones se encuentra el denominado estrés término, reconocido así por el propio Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo en la Guía Técnica para le Evaluación y Prevención de los Riesgos Relativos a la utilización de los Lugares de Trabajo.

Pues bien, hace unos días pude comprobar que algunas dependencias administrativas de mi entorno laboral todavía no se encuentra climatizadas. Y esto en un clima característico del sur de España donde lo normal es que, durante el verano, la temperatura rebase los cuarenta grados. Además, si a la ausencia de refrigeración se suma el hecho de la existencia de ordenadores, faxes y máquinas fotocopiadoras, así como el calor humano y un ambiente húmedo por encontrarnos cerca del mar, las temperaturas en el ambiente de trabajo se disparan. Es lógico, por tanto, que al terminar la jornada laboral los funcionarios que trabajan en esas condiciones acaben estresados por el calor. Como consecuencia, el trabajador se encuentra incómodo, apático, y el rendimiento laboral será mucho menor.

Pero lo peor de todo es que esta situación de riesgo o incomodidad laboral no es totalmente tenida en cuenta por las Administraciones públicas y, algunas veces, ni siquiera se incluye en sus actuaciones preventivas. El estrés térmico es un riesgo poco conocido y al que no se le otorga la atención debida pero que, unido a otros factores ambientales y personales, puede provocar daños físicos y emocionales importantes, tales como cefaleas, fatiga crónica, erupciones cutáneas y pérdida del control emocional.

Me pregunto cuánto tiempo aguantaría un alcalde o un concejal sin aire acondicionado en su despacho.

 

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Responses

  1. Tranquila, Rosa, el calor nos atocina a todos, a los escribientes, a los comentaristas y a los lectores. Son fechas de tomarselo con calma, expresión que aprendí en todo su profundo significado los años que viví en Málaga, en especial cuando soplaba terral.

    En Almería creo que también sopla terral. El verano pasado ví como en cuestión de minutos un dia espléndido se tornaba en un asqueroso día de no salir de casa. Los barcos de vela que se habían aventurado a salir no conseguian volver. Se te llenaba TODO de arena en la playa. El viento era tan fuerte que si te ponias una toalla alrededor del cuerpo, no se caía.

    Y en una oficina como la que comentas quizás lo peor no sea el calor, del cual se puede llegar a disfrutar en determinados casos, sino los aromas de los limones salvajes del caribe del personal obligado a padecer tamaña tortura.

    Animo, me imagino que ya te quedará poco para las Vacas (no las de leche, las otras).

  2. Hola, Félix. ¡Qué alegría leerte de nuevo!.
    Estoy un poco desconectada de la blogosfera. Espero ponerme al día cuando empiece las vacas, como tú dices.

    A veces una se siente impotente ante la cantidad de leyes y normas que existen en España y que, a final de cuentas, no sirven para mucho (perdón para los legisladores). Todo está regulado y reglado pero, a la hora de la verdad, las leyes se las pasa la Administración por el “forrillo” de los pantalones.

    No es tan importante la cantidad como que las leyes que están vigentes se cumplan y la justicia no se pierda entre tanto recoveco normativo.

  3. Rosa, aunque no hayas escrito he releído tu blog. Gracias por estar ahí y decir las cosas de forma clara y, a su vez, científica. Yo también he estado un tiempo alejada del mundanal ruido, pero no han sido las vacaciones, sino por motivos de salud; pero voy recuperándome poco a poco.
    ¡Interesante tus post “Función pública y estrés térmico”, pero si a eso se le añade el ingrediente de la “disfunción” (como tú dices) en la Administración nos encontramos con los que desarrollas en tu artículo.
    Cada vez conozco más casos de estrés térmico; ése que aumenta y aumenta hasta superara temperaturas insoportables para algunos seres humanos, especialmente sensibles, responsables y buenos profesionales. Por eso se llega a circunstancias laborales y a estados de salud como los que describes: daños físicos y psíquicos que, además de graves, afectan al entorno de la persona que lo padece (familia, amigos y, por supuesto al rendimiento laboral), cefaleas, fatiga crónica, erupciones cutáneas y pérdida del control emocional, etc. ¡Pero si todo fuese eso! Lo peor es la soledad del trabajador y cómo éste ve derrumbarse su labor y esfuerzo de años, como todo eso forma un entramado del que es bastante complejo salir.
    Yo creo que sí es un mal, un riesgo conocido; lo que ocurre es que no interesa prestarle atención debida pero tirar de un hilo afecta a todo un enjambre. Y eso da miedo a los testigos de ese mal endémico y terror a quien lo padece.
    Un abrazo, Rosa


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