Posteado por: rosacobos | junio 2, 2008

¿Violencia institucional?

 

Procedencia de la imagen 

El acoso moral en el trabajo es un tema en el que se ha estado incidiendo en los últimos años y que ha ido tomando forma también en la Administración pública. Sin embargo, la regulación legal para los casos de “mobbing” es escasa y, en algunas ocasiones, ambigua. Aunque la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales tiene por objeto “promover la seguridad y la salud de los trabajadores mediante la aplicación de medidas y el desarrollo de las actividades necesarias para la prevención de riesgos derivados del trabajo”, no hace una específica mención al acoso laboral, a sus consecuencias ni a las formas atajarlo.

Por su parte la NTP 476 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo define qué es el mobbing, cuáles son sus características y cual es la forma más adecuada para intervenir en este tipo de problemas, pero con el incoveniente de que esta nota técnica no tiene carácter de norma o ley, con lo cual únicamente podemos utilizarla como un texto que nos ofrece unas recomendaciones acerca de cómo actuar ante los casos de acoso en el ámbito laboral. Sin embargo, sí podemos recurrir a la Jurisprudencia para clarificar estas situaciones de conflictos laborales, al no existir una base legal específica para ellas. Podemos encontrar algunas recopilaciones de sentencias sobre acoso laboral en algunos sitios web dedicados exclusivamente a este asunto: las barricadas, mobbinmadrid y mobbing.nu. El mobbing o acoso laboral supone una actitud reiterada de hostigamiento hacia una persona, que puede provenir de sus superiores o de sus propios compañeros por múltiples razones; parece que para que este acoso y hostigamiento pueda ser denunciable ante los juzgados y tribunales debe tener una duración en el tiempo de, al menos, 6 meses, y además debe ser demostrable desde el punto de vista médico.

Sin embargo, existen otras situaciones que ejercen una presión sobre un trabajador y que, tajantemente, no podríamos calificarlas como de mobbing. A veces uno o más trabajadores pueden ser objeto de presiones que proceden del propio empleador que, en el caso de los funcionarios, vendrían ejercidas por la Administración a través de sus representantes. Este tipo de acoso se basa en la puesta en marcha de una serie de estrategias y acciones encaminadas a “apartar” a algunos empleados de determinadas funciones y a librarse de ellos mediante técnicas discriminatorias, bien por motivos ideológicos, sindicales o personales. De hecho, los funcionarios nos venimos quejando de las prácticas irregulares que ejerce la administración en materia de personal, del trato discriminatorio de que algunos somos objeto y del abuso de la potestad autoorganizativa para hacer y deshacer a su antojo, maquillando con una capa de legalidad determinadas actividades que benefician solo a unos pocos pero que, aunque presumiblemente legales, están ausentes de todo sentido ético. Por ejemplo, un funcionario que a lo largo de varios años haya visto truncada su promoción profesional bien por motivos ideológicos o sindicales no puede demostrar que haya sido víctima de una situación de acoso moral, en el sentido estricto de la palabra, pero ¿no es esta una forma velada de hostigamiento laboral? ¿no estaría la Administración, a través de sus representantes legales, abusando del poder que le confiere el ordenamiento jurídico para “castigar” reiteradamente a determinados funcionarios?.

Las consecuencias que se derivan del mobbing y otras situaciones indeseables son el descenso en la autoestima, el sentimiento de culpabilidad, la ansiedad y la fobia al lugar de trabajo, entre otras. Bien es verdad que éstas son más graves que el desaliento, la desilusión, la apatía y la inapetencia que puede sentir un funcionario como consecuencia de conductas que adopta la Administración con objeto de desacreditarlo profesionalmente o impedir su promoción profesional. Pero estas conductas, justificadas por la Administración basándose en motivos de reorganización y eficacia en la gestión de los recursos humanos, podrían igualmente concluir en situaciones de acoso laboral, al convertirse las ofensas ejercidas sobre algunos funcionarios en situaciones periódicas y continuadas en el tiempo, sintiéndose éstos infravalorados, arrinconados y apartados de su promoción profesional por motivos, vuelvo a repetir, ideológicos, personales o sindicales.

Me atrevería a enumerar algunas situaciones que pueden darse en la  Administración y que desde mi punto de vista podrían desembocar, por su sistematización, en situaciones de hostigamiento contra los empleados públicos:

 – La restricción del ejercicio de los derechos reconocidos a los funcionarios mediante la utilización de criterios subjetivos de selección de personal.

 – El consentimiento de prácticas discriminatorias, con el consecuente beneficio para unos y perjucio para otros.

 – La elaboración de bases de convocatorias para la provisión de puestos que previamente han sido pactadas y adulteradas por criterios personalistas o partidistas.

– La prolongación en el tiempo de situaciones de privilegio para algunos empleados, en detrimento de otros.

 No obstante, la socióloga argentina Diana Scialpi considera estos casos como violencia político-administrativa o violencia laboral institucional más que como situaciones de acoso laboral o mobbing. Pero llega un momento, después de varios años, en que las prácticas que limitan o restringen los derechos fundamentales de los empleados públicos tal vez puedan encuadrarse como casos de acoso laboral, debido al acorralamiento ejercido por la Institución sobre determinadas personas.

Para terminar me quedo con una frase de  Cristobal Molina Navarrete que respecto al acoso laboral dice que “… la reafloración y multiplicación de estos brotes de conflictividad interpersonal degradante de la personalidad, nos propone igualmente un viaje de regreso al modelo de gobierno y gestión de la empresa, el de la “monarquía autoritaria” o “absolutista”. Desde una perspectiva jurídica general, esta forma de violencia “moral” constituye un ataque frontal a los fundamentos o ejes basilares del sistema normativo de cualquier sociedad civilizada…”

 

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Responses

  1. Has tocado uno de mis puntos débiles Rosa. Las estadísticas hablan de un 25% de funcionarios que han sufrido, sufren o sufrirán mobbing en sus puestos de trabajo (no tengo las referencias, lo siento, pero esta cifra la tengo grabada en mi memoria).
    Hay administraciones, como la europea, en la que se han tomado medidas activas del lucha contra le acoso moral en el trabajo: en la Comisión europea, no sólo se llevan a cabo programas para la detección del mobbing, sino que además se han formado a funcionarios para ayudar a aquellos que lo sufran o lo hayan sufrido.

    Durante el gobierno del PP el grupo socialista presentó en el congreso una propuesta de ley contra el acoso moral en el trabajo que, por supuesto, fue rechazada. Ahora que el Psoe está en condiciones de lograr la aprobación de dicha ley, no hay noticias de que tengan intención de resucitarla. Lamentable. Decepcionante.

    El acoso moral, lleva a depresiones, y la depresión, nos olvidamos muchas veces, es una enfermedad que puede ser llevar a la muerte, por suicidio, cuando no a la destrucción de la vida emocional, familiar, social y laboral del que la padece.

    Trabajé hace años en una unidad de la AGE donde el jefe era un completo delincuente (y lo digo claramente, hablo de délitos penales, castigados con carcel) que sometió a todo tipo de situaciones vejatorias a sus “subordinados” que no le caian bien (por ejemplo por motivos políticos, era un ferviente defensor de un golpe de estado militar en España)
    La unidad se componía de unas 30 personas: he visto llorar por los pasillos a cinco de estas personas. He visto como anulaba, despreciaba y maltrataba de palabra a varios administrativos. Una de las funcionarias, que llevaba más de 20 años en el puesto, que había dado pruebas más que sobradas de su dedicación, fue forzada, muy a su pesar a jubilarse anticipadamente.
    Yo también fui objeto de su saña… y todavía no puedo creer que pudiera escapar de aquello y de la horrorosa depresión en la que caí. Las heridas ya están curadas, pero todavía conservo las cicatrices.
    Hablé con la Inspección del Ministerio pero sabes? ¡El principio de autoridad no podía ser cuestionado! Haber cesado a aquella cosa de su puesto de ilustrisimo hubiera significado dar demasiada validez a la voz de los inferiores…
    Cuando salí de aquello, años después, ya recuperada me encontré con una de las victimas a la que tuve que abrazar, porque se echó a llorar. Hablé de nuevo con la inspección. Les dije que me parecía mucho más importante que analizaran estas situaciones, de las que ellos eran plenamente conscientes, que que se dedicarán a sus estudios sobre comunicación interna y demás, inútiles por otra parte y más en ambientes como el que contaba, como los que hacían. Con mucho colorido y gráficos y tal. Eso si. Acabamos casi a gritos.
    Caso a caso, cada victima era descalificada: esa es una desequilibrada, ese es un pirado, el otro es que tiene problemas familiares. En ello tenían razón: pero el desequilibrio, la depresión, la locura y los problemas a los que ellos achacaban sus quejas habían sido producido por la situación de acoso moral en la que vivían.

    Votáré a cualquier partido que prometa atajar de raiz el acoso moral en el trabajo, dentro y fuera de la Administración.
    Se trata de un problema gravisimo de salud laboral, que crea dramas impensables, que destruye y que puede llevar a la muerte.
    En España parece no interesar.

  2. Creo que en mayor o menor medida, los funcionarios que llevamos años en la Administración hemos sufrido situaciones de hostigamiento. Parece que el caso que cuentas es el conocido como “bossing”, que procede de boss (jefe). Como he reflejado en el post, el acoso puede proceder del jefe, de los compañeros, de ambos, de la propia institución y, en casos muy extremos, de todos. Porque no olvidemos que en alguna Administración que otra, sobre todo si son pequeñas, la pirámide jerárquica que empieza por el político sigue bajando y pasa por directivos, jefes y otras personas puestas a dedo por el partido que gobierae, con lo cual el funcionario que se encuentra en una situación de mobbing ¿a quién recurre?.

  3. Que angustia me ha entrado leer el post y los comentarios. Sólo puedo hablar de un pequeño caso que me pasó hace años (empresa privada). Como mi superior me tocaba mucho las narices, al final le agarré del cuello en el medio de la oficina. Evidentemente, no me renovaron el contrato al mes siguiente. Lo mejor que pudo haberme pasado (a pesar de terminar en el paro).

    Situación opuesta: mi jefe actual tiene una demanda penal por acoso sexual. He estado presente en el momento del supuesto comportamiento delictivo y no puede ser más injusta e infamante la acusación.

    No hay recetas para ello. Las leyes actuales no están mal, aunque puedan mejorarse. Pero una ley no corregirá los comportamientos de la gente que no quiere cumplir con los deberes mínimos de educación.

    ¿Qué hacemos? No tengo la solución (ya me gustaría), pero apunto a las siguientes: educación y cultura.

  4. Yo tampoco tengo la solución, pero se que pasa a largo plazo por el desprestigio de la autoridad y por el establecimiento de relaciones mucho más horizontales y menos competitivas en el seno de las organizaciones. Y esto último pasa, como bien dice Rosa por carreras profesionales labradas en base a criterios objetivos, por la aplicación real y efectiva de la ley que elime las practicas discriminatorias, la limpieza en las convocatorias para la provisión de puestos y, añado, yo, por favorecer la movilidad laboral en las administraciones, que permita huir de situaciones asi a quienes las padecen y, además, permitir que cada uno se incorpore al puesto con el que mejor pueda desarrollar su potencial (que todos tenemos, aunque no en todos es el mismo).
    La situación actual de la Administración favorece ese tipo de prácticas, no sólo porque el anular a un funcionario no tenga repercusión en la cuenta de resultados, sino porque ya que los criterios de promoción son altamente discrecionales, se favorcen, cuando no se anima, a las prácticas navajeras entre funcionarios (zancadillas, descalificación, etc). Una vez que las leyes no se aplican lo que tenemos es la ley de la selva.

  5. Dios mío, Morgana, has vuelto a hacerlo: meter un post en un comentario ;-), excelente por otra parte.

    Una gran lacra de la AGE (ignoro si también en las otras administraciones, aun que me temo que sí) es precisamente el sometimiento a ultranza al modelo jerárquico, al estilo militar, donde las decisiones del inmediato superior no son discutibles, so pena de “atenerse a las consecuencias”.

    Esta lacra produce ineficiencia, desmotivación, lentitud, y también mala imagen y mala fama de cara al exterior.

    Para mi la solución de modificar las leyes no sirve. Sabemos demasiado bien que el que hizo la ley hizo la trampa. La ley debería hacerse como consecuencia de una regularización de un comportamiento social determinado y no al revés. Como ejemplo me gusta citar el modo en que se definen los RFC (las normas de internet): Primero se demuestra que funcionan, incluidas las demostraciones prácticas, y luego se elabora la norma. El mismo nombre (Request For Comments) ya denota un enfoque muy diferente del estilo legislativo al uso.

    Como veis soy muy crítico con las leyes que se hacen para modificar la sociedad. No solo no funcionan sino que permiten injusticias en su aplicación.

    En este caso, el acoso laboral, que para mí viene derivado del modelo jerárquico estricto, lo que hay que modificar son los comportamientos y la cultura de la organización.

    El día que se premien los resultados, el trabajo por objetivos, el reconocimiento, en el interior de la organización, y si llega el caso públicamente, del esfuerzo de cada uno, quizás se empezará mejor a pensar en términos de planificación, objetivos, recompensas, trabajo en equipo.

    El modelo jerárquico se desmoronará poco a poco.

    Por cierto, Morgana, respecto a la movilidad como recurso para la huida, me gusta más pensar en términos de promoción: no me muevo porque huyo de un sitio en el que estoy mal, me muevo porque voy a un sitio donde voy a estar mejor.

  6. Madre mía Rosa como me has hecho revolver en mis cenizas con este artículo.
    Soy la webmaster de Las Barricadas, esta Web no se creó porque sí, es fruto de mi lucha personal, de mi calvario con la Administraión Local donde trabajaba siendo funcionaría de carrera, acosada por un superior , convirtiéndose al poco tiempo en acoso institucional, interesa el acosador, el maltratador en la Administración, ejemplariza a los demás y somete, nadie ayuda, te quedas más sola que la una es una lucha de intereses colectivos.
    Hay testigos mudos, figura interesante para los psicólogos, las víctimas ya somos pasto directo de psiquiatras y otros especialistas como abogados y otras unidades clínicas especializadas.
    No sufrimos una victimización, sufrimos otra mucho más cruel si cabe, porque quien quien tiene la obligación de ampararnos con la Ley, en los Juzgados sufrimos nuestra segunda victimización.
    Esto no es solo acoso laboral, como dice mi amigo Victor, dueño de mobbing.nu, es psicoterror laboral y nos enfrentamos a maltratadores en el entorno laboral, cuya única diferencia con la violencia de género es que son los mismos perros con distinto bozal.
    ¿Leyes? me hacen gracia las leyes, sobran leyes, falta voluntad de aplicarlas, nuestro Código penal ya contenpla el art.153 para sancionar el trato degradante y humillante y no se aplica, quieren uno específico para “mobbing” y qué, despues tendran que reconocer que lo que le estan haciendo a “esa persona es acoso laboral” y va a pasar como en Francia. Resultado: No hay acoso.
    Falta voluntad de eliminar parásitos en sitios de mando,muchos curriculums y todos no sirven para mandar y gestionar con personas.

    Y lo dejo porque me duele. Tengo 5 sentencias. La incapacidad permanente absoluta. 42% de grado de disminución. Un divorcio. Un intento de suicidio y ya no creo en lo que llaman “JUSTICIA”, solo existe, el poder y la política, no la verdad.
    Un abrazo.

  7. Los comentarios que todos habéis aportado a esta entrada son tan sustanciosos que, como dice Félix, sirven para una nueva o para varias de ellas.

    Es un tema que duele mucho y creo que puede llevar al acosado, como dicen Morgana y Teresa, al borde la muerte.

    A veces se presenta como una actitud hostil de uno hacia otro, pero a veces puede ir evolucionando hasta llegar a un acoso institucional con el consentimiento de varias personas. Entonces es cuando ya se tiene todo perdido.

    Félix, el acoso puede ser por culpa del modelo jerárquico existente en las organizaciones, pero creo que la solución no pasa únicamente por cambiar ese modelo, sino por cambiar la forma en que se aplican las leyes.

  8. Poco más que adherirme plenamente a lo ya comentado y enviar todo mi apoyo y comprensión a quienes hayan sufrido esta lacra.

    Enhorabuena Rosa por el artículo y a los lectores por sus comentarios.

  9. Rosa, Gracias por tu aportación en POLITICOLANDIA. Me impresionó tu artículo y no dudé en colgarlo.
    El tema del acoso laboral es sangrante interiormente porque la gente lo sufre en el alma y, cuando la tiene destrozada y no puede tirar de ella, deja paso a la enfermedad física, a los problems psicosociales.
    Como tú dices, ¿a quién recurrir? Estamos en una etapa que necesita que descosnstruyamos, que reinventemos… La administración es política, los jefes son políticos y quien no obedece es peligroso, hay que aniquilarlo o, en el mejor de los casos, aburrirlo para que se vaya.
    Desgraciadamente, en muchas ocasiones, se legaliza lo ilegal con la Ley. Pero, ¿qué hacer?

    Un saludo
    Soledad Flaubert

  10. […] El miedo, como el peor de los enemigos del empleado público. Todos sentimos un terror visceral a ser señalados si alzamos demasiado la voz; no queremos tampoco ser objeto de posibles represalias o, en otras palabras, ser víctimas de violencia institucional. […]

  11. soy de jalisco, me encanta mi trabajo que desempeño, soy educadora, sin embargo las compañeras principalmente lidereadas por la directora, se sienten minimizadas con mi trabajo ellas tienen doble plaza,pues no rinden de igual manera y les da coraje el que sea organizada sin embargo las opiniones que doy para trabajar por equipo y mejorar el clima de trabajo lo minimizan y se sienten protegidas por ella por que les consiente cosas, como llegadas tardes, que no apoyen en las guardias escolares cuando me toca ami a la entrada,que me entere hasta el ultimo de sus acuerdos escolares de organizacion,como es posible que estoy en la mejor disposicion de trabajar para el beneficio de los niños y esto sea mal visto,pero no se vale la violencia laboral en ningun lugar la directora no tiiene apertura para un dialogo profesional con respetto


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