Posteado por: rosacobos | enero 27, 2008

¿Es el funcionario malo por naturaleza?

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Las relaciones humanas siempre son difíciles. Pero si, además, vienen impuestas por determinadas circunstancias que no podemos controlar o a las que no podemos renunciar, resultan casi insoportables.

 

Tenemos la posibilidad de elegir de qué personas queremos rodearnos a lo largo de nuestra vida pero, por desgracia, no podemos hacer uso de esta capacidad en determinadas circunstancias. Y es, precisamente, en nuestro entorno laboral donde esta posibilidad se reduce.

 

En principio, somos libres para elegir nuestra carrera profesional y nuestro futuro laboral, aunque no siempre se cumplan las expectativas generadas o no alcancemos la meta que nos hayamos propuesto. Lo que no podemos elegir, una vez que hemos accedido a un puesto de trabajo y formamos parte de un sistema es a las personas con las que nos gustaría trabajar. Como consecuencia de esta limitación surgen los conflictos personales, las peleas, los malentendidos y el mal ambiente laboral.

 

Pero los conflictos no se producen por sí solos, como por arte de magia, sino que se generan como consecuencia de factores externos a la propia naturaleza humana y, si aceptamos como válidos los planteamientos de Robert Owen, podemos decir que el hombre es bueno por naturaleza, pero las circunstancias no le dejan serlo; en este sentido, si se mejora el entorno de un hombre, se estará propiciando que emerja su bondad. Owen fue un empresario pionero en llevar a la práctica ténicas que mejoraron la situación de los trabajadores y la satisfacción laboral de éstos.

 

Si aplicamos este planteamiento al ámbito de la Administración pública y a la forma en que fluyen las relaciones humanas, un adecuado ambiente laboral estará supeditado a una buena o mala política de personal  que adopten los gobiernos de turno y que, a su vez, determinará una buena o mala satisfacción laboral de los trabajadores; lo cual támbien afectará a unas buenas o malas relaciones entre los propios funcionarios;  circunstancias todas que, en última instancia, se dejarán sentir sobre el producto final (en este caso, el servicio al ciudadano).

 

Quizá esté exculpando demasiado a las personas y relevándolas de toda responsabilidad en su comportamiento y culpando a la clase dirigente de todos los males que afectan a los empleados públicos; pero creo que si nuestros mandatarios se preocuparan un poco más del bienestar físico y mental de los funcionarios tal vez mejoraría el clima laboral y el sentimiento de pertenencia a un grupo, con lo cual posiblemente mejoraría la productividad y también, como consecuencia de lo anterior, la calidad en la prestación de los servicios.

 

Quiero decir, y centrándome en el tema, que en un equipo de personas reunidas para la consecución de unos fines (en el caso de la Administración, unos fines públicos) el clima laboral puede verse afectado negativamente por dos factores principales, de los cuales se derivan otros:

 

  • Una nefasta organización de los recursos humanos.

  • Unas entorno físico inadecuado.

 

En cuanto al primer factor es un tema que he tratado en post anteriores (comisión de servicioscorrupción, oposiciones amañadasnombramientos a dedo,…) y, por tanto, acciones carentes de ética y que se suelen adoptar por determinados políticos y directivos, también influirán negativamente en el bienestar de las personas. Cuando no se trata a todos los funcionarios por igual, cuando se permiten técnicas discriminatorias en la adjudicación de puestos, cuando se amañan oposiciones, cuando se premia a las personas por su ideologia política y se castiga a otras por el mismo motivo, es entonces cuando el ambiente laboral se convierta en el caldo de cultivo adecuado para que surjan los enfrentamientos entre compañeros. Es curioso comprobar cómo en estos casos nace la envidia de unos hacia otros, la desconfianza y el recelo; y en lugar de pedir cuentas a aquellos que han permitido que la situación laboral llegue a estos extremos, nos sacamos los ojos los unos a los otros.

 

En cuanto al segundo de los factores me llama la atención la cantidad de normativa que existe al respecto y lo poco que se respeta en algunas Administraciones públicas. La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y su normativa de desarrollo recogen todo aquello que suponga un riesgo para el trabajador, así como las medidas preventivas que hay que adoptar para evitar el riesgo.

 

Me voy a centrar en los lugares de trabajo y una vez ojeado el R.D. 486/1997 que regula las condiciones mínimas que estos deben cumplir, me doy cuenta de la necesidad de adaptación a esta normas que presentan algunas oficinas públicas. Y cuando las condiciones físicas no se adaptan a las necesidades del trabajador, el clima laboral tambien resulta afectado negativamente. Dice el real decreto que deberá haber una superficie de 2 metros cuadrados por trabajador y 10 metros cúbicos, no ocupados, por trabajador. Pero, ¿qué ocurre cuando no se respetan estos espacios mínimos? Sencillamente que esta situación es también motivo de enfrentamiento entre los trabajadores y es penoso asistir a esas luchas sibilinas por la posesión de los mejores sitios o los mejores despachos.

 

En los casos en que se producen, a la vez, los dos factores el ambiente en nuestro entorno de trabajo puede llegar a hacerse irrespirable. Y nos podemos imaginar las consecuencias derivadas de estas situaciones:

 

  • Desmotivación del trabajador
  • Apatía al realizar el trabajo
  • Mala atención al ciudadano
  • Dejadez en las funciones.
  • Corrupción administrativa
  • Luchas internas por el poder
  • Ausencia de iniciativa del funcionario
  • Absentismo laboral

 

Y para terminar el post me gustaría poner como ejemplo a Koldo Saratxaga, acerca de cómo se puede convertir a una empresa en un lugar de libertad y bienestar asignando el valor adecuado a cada trabajador y adoptando técnicas igualitarias que fomenten un medioambiente laboral adecuado. 

 

 

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Responses

  1. Bueno, quizá el problema que tenemos los funcionarios es que se nos da libertad para hacer el mal, pero no para hacer el bien. Dicho de otra forma, podemos hacer el vago sin peligro, pero no tomar iniciativas.

  2. Hola, Alorza.

    Es cierto lo que dices, por desgracia.

    A veces ocurre que cuando a algún funcionario se nos ocurre alguna idea para mejorar ciertos trámites administrativos, nos encontramos de bruces con la apatía de políticos y directivos, bien porque no les interesa el cambio o bien porque el funcionario que ha intentando tomar la iniciativa no es “persona de su confianza”.

    Por eso, resulta admirable los planteamientos de Koldo Saratxaga: “”Se trata de creer en las personas y sacar lo mejor de ellas”.

    Y la escala jerárquica administrativa (estancada en muchos aspectos) que existe hoy día en la Administración no permite desarrollar las capacidades de todos los funcionarios.

  3. EL gran problema que tenemos es que no hay movilidad laboral en la administración. O muy poca.

    Si la hubiera, podríamos movernos hasta encontrar “nuestro hueco”, o al menos un puesto de trabajo lo más cercano a nuestras capacidades e intereses.

    Los nombramientos a dedo, las prácticas de las comisiones de servicios, el que sólo nos podamos mover por “amigos” nos coloca, demasiadas veces, en posiciones de lo más indeseables, donde nos amargamos, vemos lo negativo de nuestros compañeros, nos descapitalizamos intelectual y profesionalmente a pasos agigantados y nos volvemos improductivos. A la jerarquia no le preocupa.
    Es terrible.

    La semana pasada me hicieron una guarrada en el trabajo de esas, de dar un puesto a alguien a dedo, con mucha menos experiencia que yo, menos edad,y que trabaja mucho menos.

  4. Sólo una persona que haya pasado por una situación como la que tú has vivido puede comprender la impotencia, la rabia y la mala leche que se le queda a una en el cuerpo.

    Y créeme, Morgana, yo te entiendo perfectamente. Es muy duro ver cómo los “amiguetes de” ocupan los puestos de responsabilidad incluso en procesos selectivos aparentemente limpios (lo digo por experiencia).

    Y lo peor es que ni siquiera la justicia puede hacer nada, tal y como están las leyes. Aún luchando durante varios meses me he dado cuenta de que las barbaridades que se comenten son indemostrables, y en nombre de la sacrosanta potestad de autoorganización de las Administraciones, algunos cargos electos comenten verdaderas barbaridades en materia de personal.

    Algunos funcionarios no ocupamos los puestos que, en justicia, nos merecemos. Y duele mucho convivir día a día con aquéllos que tú crees que te han robado tu promoción profesional y que, además, son los que menos producen o, como bien dices, los que menos trabajan. Muy duro.

    Y de aquí nace el funcionario desmotivado.

    Es verdad que a la jerarquía no le preocupa la apatía del funcionario sino que, además, la fomenta. Respecto a esto, transcribo un comentario de Montaña Merchán en el post de este blog titulado “El síndrome del Trepa”:

    “Reconozcamoslo: los funcionarios que quieren trabajar son un incordio y siempre traen problemas. El primer consejo que me dieron al entrar en la Administración fue “cuando en la administración haces algo bien las medallas se las llevan los superiores y no te lo agradecen, cuando haces algo más la responsabilidad es tuya y no te lo agradecen, .. ergo … lo mejor es no hacer nada”.

  5. Ya estoy acostumbrada Rosa…. es la segunda vez que me sucede algo asi. La primera fue hace muchos años y me llevó a una cadena de acción-reacción que desembocó en una depresión, de la que escapé porque tuve mucha suerte.

    Y esta vez ha sido, simplemente humillante, pero no grave.

    Ya he echado tres curriculums. Que la suerte me acompañe…

    Y a todos…

  6. La desmotivación en la Administración es un tema recurrente, y todos conocemos personalmente o en nuestro entorno próximo jugarretas que nos han hecho y que acabas por decir: la próxima vez que trabajen ellos.

    O bien acabas arrinconado por ser incomodo o representar un peligro para alguno de los celosos jefecillos para los que trabajas.

    En ambos casos el resultado es el mismo: gente valiosa desaprovechada y cabreada.

    Y como muy bien dice Morgana la única salida para un alma inquieta es la movilidad. Pero de un tiempo a esta parte esa movilidad es muy escasa, porque no hay huecos.

    La verdad es que no tengo la solución definitiva a este problema, aunque como bien dices, Rosa, la legislación aplicable no es la solución.

    En mi opinión es necesaria una profunda reforma, tanto de la estructura, como de los objetivos de la Administración, y una profesionalización y despolitización, a todos los niveles.

    De momento me gustaría que se simplificase mucho toda la enorme e inútil estructura de niveles, dejando en tres o como mucho cuatro niveles jerárquicos, cosa que con el apoyo de la tecnología puede aumentar mucho la eficacia de los funcionarios.

    Y otro punto que también Rosa menciona, la enorme inflacción legislativa: el exceso de normas produce ineficacia por la dificultad de su aplicación y además requiere una enorme cantidad de personas dedicadas a su elaboración y cumplimiento. Cada nueva legislatura nos trae un saco de leyes nuevas. Sólo en ésta, 167 nuevas leyes.

    ¿Alguien se anima a leerselas todas? 😉

  7. Hola Felix. Un comentario al que se le puede sacar bastante partido. Eso del “alma inquieta” me ha encantado.

    Es precisamente la denominación adecuada para las personas (funcionarios) que no se conforman con el puro y duro papeleo administrativo que, aunque necesario, hace de nuestro trabajo algo aburrido y monótono.

    Es verdad que las jerarquías administrativas actuales consiguen encasillar a los funcionarios en puestos que pueden venirles grandes o, por el contrario, pequeños. Quiero decir que en la Administración existen personas para todo: por un lado aquellos funcionarios a los que nos pica “el gusanillo” de la innovación y de la preocupación por conseguir una Administración más moderna y aquellos otros que no quieren complicarse la vida y están bien con su papeleo diario; entonces me pregunto ¿qué problema hay con darle a cada trabajador lo que realmente quiere?

    En muchas administraciones la organización del personal es pésima y no permite que cada funcionario desarrolle su potencial. Pero este problema no es debido únicamente a la existencia de una jerarquía administrativa estática, sino que muchos políticos (o gestores) priman el amiguismo y el clientelismo a una objetiva provisión de puestos. Y lo sé porque lo he sufrido “en mis propias carnes”.

    Ahora que estamos en campaña electoral me pregunto por qué ningún candidato apuesta por realizar un control riguroso que evite la corrupción política y administrativa en el acceso a la función pública que aunque la mayoría de las veces es indemostrable, todos sabemos que existe.

  8. También nos interesa Koldo Saratxaga, sus ideas y lo que hace.
    Hemos hecho un post en nuestro blog viendo las respuestas que genera porque la faceta de comunicador de Koldo Saratxaga nos atrae también especialmente y no habíamos visto este post, que nos ha gustado, al igual que toda la línea del blog.
    Nos lo apuntamos para el siguiente post de Koldo en la blogosfera que estamos preparando.
    Muchas gracias a la blogger por su gran trabajo

  9. Estimada Rosa Maria, me interesa por sobre manera los temas que has tratado en esta oportunidad; es si que mi idea es iniciar una investigacion academica respecto a las consecuencias en las organizaciones de tinte estatal de los empleados “puestos a dedo”.La verdad es que estoy iniciando mi tesis de grado en Relaciones del Trabajo y me encantaria si me podrias faciliatar autores o bibliografia respecto al tema.Otra verdad es que no se que enfoque darle a la investigacion, si verlo desde el clma organizacional o desde los Recursos Humanos(Seleccion)Es de destacar que de lo que he empezadoa leer fuiste la unica que mas me ha acercado a lo que buscaba.Gracias!


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