
Imagen del blog angelodemonio.wordpress.com
He hablado en este blog de función pública, de funcionarios, de discriminación, de políticos que discriminan, de modernización y de muchas cosas más. Pero nunca he hablado de sindicatos. Esta idea lleva rondándome varios días y hoy, mientras me ponía al día en la blogosfera (últimamente tengo este y otros blogs un poco abandonados), he encontrado un post en el blog de Sevach del que quiero resaltar un párrafo que viene que ni pintado para lo que hoy quiero expresar: “… aunque los sindicatos frecuentemente se mueven por el interés de los afiliados, y efectúan impugnaciones selectivas según su estrategia, lo cierto es que si no fuese por ellos, se consumarían infinidad de tropelías en la función pública. No olvidemos que no hay acción pública en este campo, y sin el ojo vigilante de los sindicatos, podría el cacique de turno adjudicar plazas o prebendas a diestro y siniestro…” .
Los sindicatos de clase existen desde hace más de un siglo y su gestación coincidió con el movimiento obrero español de la segunda mitad del siglo XIX. Desde entonces se han ido constituyendo en organizaciones fuertes, sólidas y con una gran capacidad de prestación de algunos servicios, tanto a los afiliados como a los que no lo son (cursos de formación, orientación laboral, defensa jurídica, prevención de riesgos, asistencia a inmigrantes …), de tal forma que cuando pensamos en un sindicato vemos a una gran maraña de departamentos que nos hacen compararlo con la Administración.
Estas grandes organizaciones cuentan con miles de personas (sindicalistas) que trabajan en ellas y las mantienen vivas. A los primeros sindicalistas les tocó vivir una época dura, un tiempo en el que algunos llegaron a estar presos e, incluso, a perder su vida por la defensa de unos ideales. Estos luchadores eran, y son, admirados por su tesón y su valor. Por el contrario, los sindicalistas de ahora son criticados, mal juzgados y ridiculizados. Y me pregunto, no ya si estas críticas son justas o injustas sino si resultan ser el reflejo auténtico de la realidad.
Estamos hartos de oir que los liberados sindicales hacen uso de sus horas para sus asuntos privados, hartos de oir que viven mejor que quieren, que no están sujetos a horarios, que van y vienen a su antojo y un largo etcétera de actividades más propias de un rico empresario que de un pobre funcionario que hace uso de su crédito sindical de horas y que, siguiendo también un proceso democrático, fue elegido en las oportunas elecciones sindicales.
No me gusta generalizar y, como en todo, en los sindicatos hay personas trabajadoras y luchadoras y otras que lo son menos pero, como institución reconocida por una país democrático, un Sindicato no es sino la plasmación (culminación) del derecho a la libertad sindical.
Una de las actividades más delicadas de cualquier representante sindical es la negociación, que una veces se podrá comparar al hecho de caminar sin zapatos por un sendero de púas y otras será más parecida a un camino de rosas, todo ello dependiendo del talante negociador del patrón. De todas formas, gracias a ellos no caen por tierra todos los logros conseguidos durante décadas y que nos permiten contar con unas garantías laborales básicas que, de otra forma, quién sabe lo que sería de ellas.
Tal vez los sindicalistas no sean ángeles pero tampoco son demonios. Conozco a muchos de ellos que cumplen, a veces en demasía, con una labor no exenta de cierto riesgo. En grandes empresas el delegado sindical es un número entre otros muchos (por ejemplo en la Administración del Estado) pero en las pequeñas (Ayuntamientos, empresas privadas) el desarrollo de su trabajo viene acompañado, en algunos casos, del riesgo a ser objeto de persecuciones y venganzas por parte del empresario si éste considera que aquél levantó demasiado la voz o no se dejó manipular a su antojo.

Tienes mucha razón. A veces tendemos a generalizar y extender a regla general los casos más negativos.
Como ocurre con la política, los sindicatos son también una vía rápida para medrar, bien por cobrar más y trabajar menos (permisos y horas sindicales), bien por obtener puestos con mejores condiciones de trabajo, bien por disfrutar de otras ventajas de diversa índole, todo ello como precio por su silencio o su complicidad con los patronos.
Esto no quiere decir, como ocurre con los cargos políticos, que todos los sindicalistas utilicen estas posibilidades en beneficio propio.
Y desde luego, no se puede desdeñar el papel de los sindicatos en general en defensa de los derechos de los trabajadores.
Por: josembaeza el Octubre 21, 2009
a las 7:07 pm
No voy a negar que son un contrapoder fundamental para evitar la comisión de tropelías y mantener una cierta “equidad” (si es que ésta existe) en las relaciones laborales. Pero las organizaciones sindicales, como organizaciones políticas que acaban siendo, tienen los mismos problemas que los partidos políticos: están alejadas de sus afiliados y de los trabadores en general y acaban defendiendo intereses sectarios no siempre comprensibles. Su funcionamiento está un tanto obsoleto y necesitaría una buena vuelta.
Por: ocortes el Octubre 22, 2009
a las 1:20 pm
Gracias por vuestros comentarios. Tal vez los sindicatos deban modernizarse y cambiar por completo, o tal vez rebuscar en sus orígenes para no olvidar por qué y para qué existen. Un tema complicado este …
Las personas que conforman una Organización democrática no deben olvidar los principios por los que aquella se rige; cuando no tenemos las cosas claras ayudamos, consciente o inconscientemente, a que aquello por lo que trabajamos se desmorone.
Por: rosacobos el Octubre 25, 2009
a las 9:31 pm
Lo malo de los sindicatos es que se han quedado obsoletos. Un sociedad vertiginosamente cambiante, globaliza e interconectada tienen nuevas realidades y los sindicatos no están en la onda. Están lejos de los trabajadores como los políticos lejos del ciudadano. Vease la participación en la elección.
Sus acciones sólo buscan su propio interés. Con facilidad se puede comprobar que llegan a un acuerdo con el “patron” y al dia siguiente ponen un manifiesto en el tablón de anuncio diciendo que “el patrón ningunea a los trabajadores”.¿?
Para terminar diré que tengo fundamento en mi opinión, ya que formo parte del comité de empresa por FEDECA.
Por: Montaña Merchan el Noviembre 13, 2009
a las 2:07 am
Montaña, me alegro de verte por aquí. Sí, tal vez los sindicatos necesiten un cambio radical. Es verdad que algunos, no todos, negocian con el patrón siguiendo intereses personalistas; te puedo asegurar que algunos hacen tropelías que nos ponen la carne de gallina.
Sin embargo, conozco a muchos de ellos (viejos sindicalistas) que siguen creyendo en la honestidad y en el bien común, aunque les cueste enfrentarse a su propia organización. En fin, es un tema complejo. De todas formas, no me gusta generalizar. Hay sindicalistas (y políticos) a los que, con la que está cayendo en España, les gusta lo que hacen y, además, lo hacen medianamente bien.
Por: rosacobos el Noviembre 16, 2009
a las 7:24 pm
Si hubieras estado en una conversación post cena ayer, hubieras disfrutado. Gracias por este post.
Por: amedeomaturo el Noviembre 17, 2009
a las 6:10 pm
¡Amedeo, no me dejes con la miel en los labios!. Cuenta algo acerca de esa conversación (en el fondo soy una curiosona).
Por: rosacobos el Noviembre 17, 2009
a las 6:47 pm